viernes, 25 de abril de 2008

"Campaña Anti-SIDA en España"

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¡Excelente! El ingenio al servicio de la comunidad.

De cómo regocijarse en la tragedia

Porque soy de Racing como mi viejo, como mi hermano, como mis hijos y mi señora y compartimos el mismo sufrimiento. Aca va algo para entendernos mejor.

( http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=3377 )

SER HINCHA DE LA ACADEMIA: DE CÓMO REGOCIJARSE EN LA TRAGEDIA
Racing, la Argentina a escala “Más lo sufro y más lo quiero a este hijo de puta”, dice un hincha y lo define. El amor del racinguista por su club es un modo nacional de la pasión, amor por la épica de la derrota. Aquí van apuntes sobre esa historia que tiene hitos en Perón, Cereijo y Kirchner. Más una amable plática estelarizada por el Oso, fundador de los RacingStones, su señora esposa –que no busca a su padre fallecido en el cementerio, sino en las gradas– y el padre Juan Gabriel, cuyo Cristo tatuado no lleva un corazón sangrante, sino el escudo de la academia Racing Club. Van veinticinco del primer tiempo.
Allá abajo, Racing, que estrena técnico, le aguanta el partido a Arsenal. Y acá arriba, en la popular del Cilindro, la Guardia Imperial canta lo suyo. De golpe, la lluvia. Es una lluvia repentina y de gotas gruesas, una lluvia todo mal. Los plateístas se meten bajo el palco y los fotógrafos cubren sus equipos junto a la línea de cal. Al Oso y a mí el agua no nos moja, porque nos hace de techo la bandeja superior, hasta que igual nos moja. Siento, sentimos, el Oso y yo, las gotas en la nuca. Nos damos vuelta.
Por una abertura del estadio el viento mete la lluvia que baja transversal y donde todos deberíamos estar a salvo del agua, nadie lo está. Entonces comprendo. Ser de Racing debe ser esto, tener un techo y que igual te llueva.
Porque a Racing lo quiero lo vengo a alentar / En las buenas... / Y en las malas mucho más. Racing, ya lo sabemos, es una patología.
Durante los últimos cuarenta años ha ganado, ha empatado y ha perdido, pero sobre todo ha perdido. Su hincha promedio (que ya es un cuarentón, se casó, tiene hijos y se ha pasado una vida corroborando la decepción a la que lo somete eso que todavía lo ilusiona) lo ha visto descender, quebrar, desvanecerse. Ha visto cómo un redoblante se estrelló en la cara de su presidente, ha escuchado cómo el 3 de marzo de 1999 la síndico Liliana Ripoll decretaba la desaparición de la asociación civil conocida como Racing Club, ha visto, en suma, cómo la transa, el teje y una corruptela de lo más metódica puso al club en ese lugar tan desesperado y único, el lugar donde uno queda mano a mano con la posibilidad de la propia extinción.
Te la regalo.Con excepción de una Supercopa en 1988 y de un campeonato local que le llevó 35 años ganar, conquistas que parecen rubricar la persistencia del fracaso, el tipo (el hincha) asistió y sigue asistiendo al eterno final de un club que tanto se parece al país del que casualmente lleva la camiseta. Porque Racing es la Argentina en su sentido de la fatalidad. Es un club con los cuatro climas, y así le va, un poco como a los argentinos nos ha ido con climas y todo.
FANTASMA DEL GENERAL, VOY A EVOCARTE. Racing y la Argentina tienen tanto en común. Para empezar, ambos son esencialmente peronistas: el nombre oficial del Cilindro es Estadio Juan Domingo Perón, entre otras cosas porque Ramón Cereijo, ministro de Hacienda en el segundo gobierno del General y venenoso hincha de lacadé, hizo lo que tenía que hacer para que quedara inaugurado el 3 de septiembre de 1950.
No fue el único laburito que se tomó Cereijo. Además, en un momento en que el fútbol argentino comenzaba a exportar jugadores, impidió la salida del país de las estrellas del club, lo que resultó en que Racing le pasara por encima al resto de los planteles en recomposición y se quedara con los campeonatos de 1949 y 1950. En 1953, Racing fue el único club que incluyó en su memoria y balance la muerte de Santa Evita.De Eva Duarte a Juan De Stéfano hay unos cuantos abismos, es cierto. Pero uno comparte la liturgia que la otra fundó. Si a Juan De Stéfano –para más datos presidente de Racing en el período 1987-1995– se lo nombrás a los hinchas, te comen crudo.
Algo parecido a lo que ocurre con Daniel Lalín, el presidente del tambor en la cara, operador del menemismo en la provincia de Buenos Aires e indignadísimo peronista de base cuando Carlitos se bajó de la elección presidencial que convirtió al muy hincha de Racing Néstor Carlos Kirchner en presidente de la Nación.Racing y la Argentina, ese amor por la derrota.
O por las posibilidades que la derrota ofrece, su épica. Ambos suelen enamorarse de su propio fracaso para sacar pecho de estoicismo criollo y gritar como grita el hincha que me cruza en la puerta antes del partido: “Más lo sufro y más lo quiero a este hijo de puta”.
Habla de Racing, el caballero.
Pero podría estar hablando de este país.Porque esta hinchada quiere un campeonato que cure mi herida / Ay ay ay amor amor Racing de mi vida.
La casa del Oso es una casa obediente, es decir, religiosa. Copio de la tan estimulante página del Vaticano: “Santo Tomás ve en la obediencia religiosa la forma más perfecta de la imitación de Cristo, del que dice san Pablo que «se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2, 8). No sé por qué una línea como ésta termina sonando a Racing.
Como sea, la casa del Oso tiene paredes y muebles pintados de Racing. Platos de Racing, vasos de Racing, cuadros de Racing, carpetas con recortes de Racing, cortinas de Racing y en los cajones, muchas camisetas de Racing.
El Oso es hijo de un ex presidente de fútbol amateur de Racing, tiene un hijo de Racing y está casado con una mujer de Racing, a quien conoció en un partido de Racing y con quien se casó la mañana del 27 de diciembre de 2001, el día que salió campeón Racing.
El Oso, además, tiene un sueño.
–Quiero ser presidente.
De Racing.
ESTA VIDA ES MÍA.
Todavía no son las dos y a las cuatro arranca el partido. Adrián Fernández, el Oso, 37 años, dueño de una distribuidora de materiales y patrón de tres taxis, pide unas pizzas y su esposa, Rita Lapunas, ex militante de la renovación peronista, muñeca brava de Florencia Varela ahora viviendo en Caballito, me cuenta:
“Racing es mi viejo. Él me venía a buscar los domingos, cuando ya estaba separado de mi vieja, y no me llevaba a la cancha, aunque yo sabía que iba siempre. Murió, mi viejo, y nunca vi a Racing con él. Hoy, para encontrarlo, no voy al cementerio, voy a ver a Racing. Y me voy a morir con las ganas de saber en qué lugar de la cancha se sentaba”.
El Oso mide 1,87, pesa ciento y algo bastante, y tiene un anecdotario de batallas que se parecen mucho todas: cuando cagó a trompadas a tres de Vélez, cuando cagó a trompadas a cinco de Boca, cuando se metió en la popular de Mandiyú para cagar a trompadas a medio Corrientes.
El Oso es fundador de los RacingStones, uno de los tres grupos en que se dividió la Guardia, y jura que ya está retirado de la acción.
Según Louann Brizendine, neurobióloga norteamericana graduada en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale y autora del libro El cerebro femenino, el hombre promedio piensa en sexo cada 52 segundos. El Oso debe andar por ahí con Racing, que para él, casi no hace falta decirlo, es pura libido puesta en marcha.
–¿Qué sentís por Independiente?
–Odio.
–Okey, no tenés problemas para encontrar la palabra.
–A veces sueño que me subo a una avioneta y me inmolo contra la hinchada de Independiente.–¿Pero no te podés ni llevar con alguien del Rojo?
–No, sí… mi mejor amigo es de Independiente.
Para el Oso, para muchos como él, Racing es eso que comienza temprano el domingo y que alcanza su clímax en el gol, en el caso en que haya gol.
Sin embargo, hay una instancia que el hincha, cuando se parece a la clase de hincha que el Oso encarna, venera proverbialmente: la víspera.
Hasta entrar a la cancha, el Oso se pasea por todo el frente del Cilindro, saluda, lo saludan, vuelve a saludar:
Oso.
Qué hacés querido.
Oso.
Cómo andás, nene.
Oso.
Oscarcito, ¿vas a la platea?
Oso.
Hoy ganamos, hoy ganamos.
El Oso pide permiso y se la van abriendo las puertas.
Nos metemos en lo que sería el club social de Racing Club: pileta, gimnasio, esas cosas. Está todo bastante deteriorado y el Oso camina al filo del lagrimón mientras me detalla por dónde lo llevaba su viejo.
El Oso es la clase de personajes que conmueve a los jurados del Bafici.
TODO HORRIBLE.
La tribuna se puebla rápido y, hay que decirlo, por tratarse de una campaña horripilante, ha venido gente: (6.261 populares vendidas, la segunda recaudación de la fecha detrás de Boca contra los jujeños).
Aunque también es cierto que las campañas horripilantes se han vuelto un asunto corriente para esta hinchada.Abajo, once tipos le ponen voluntad a algo que quiere ser un equipo de fútbol. Al margen: si Sava hiciera los goles que se come, se llamaría Palermo. El chiquito Moralez es bueno pero le faltan veinte kilos.
El paraguayo Ávalos es un temible goleador, salvo por la particularidad de que no hace goles. Y el pibe García está claro que quiere al club, y por ahora es lo único que está claro.
La buena noticia se llama, se siguen llamando, Adrián Bastía, un león vendiendo Durax.
Es buena, pero es de ayer.
De Tomaso botón / De Tomaso botón...
Abriéndose paso entre gente que no lo mira, llega el padre Juan Gabriel, hombre de fe, aunque Racing haga todo lo posible por volverlo un escéptico.
Juan Gabriel Arias es párroco de la iglesia Natividad de María, un templo en Barracas al sur discretamente pintado con los colores de Racing.
Tiene 40 años y en el brazo derecho un tatuaje que define el cruce de sus pasiones: Cristo en su figura celestial indicando el centro de su pecho, donde lo que arde no es el Sagrado Corazón, sino el escudo de la academia Racing Club.
–¿La Conferencia Episcopal no te puede tirar la bronca por un tatuaje como ése?
–Seguramente hay sacerdotes que no lo aprueban.
–¿Qué dice tu superior?
–Mi superior es Bergoglio y él entiende, es hincha de San Lorenzo.
Los tres años y medio que estuvo misionando en Chibuto, una zona rural de la provincia de Gaza, república de Mozambique, sudeste del África profunda, Racing y su, vamos a llamarla, vibrante actualidad, le quedaron lejos. Fue un tema.
“Podía entrar a internet una vez al mes, casi me vuelvo loco”, dice el padre Juan y después agrega:
“Estuve tres años bañándome con un jarrito. En la aldea donde yo estaba había unas dos mil familias. Yo llevé camisetas de Racing para todos.
Armé torneos de fútbol entre aldeas, aunque para llegar a algunas había que abrirse camino a puro machete. En esa zona del mundo, hoy la mayoría es hincha de Racing”. La expectativa de vida en Mozambique es de 40 años, pero ahora que siguen a la Academia quizás el número se modifica.
–A Racing le cobran un penal en un clásico.
¿Rezás?
–Sí, por supuesto.
–¿Qué pasa si los de Independiente rezan también?
–Cada uno hace sus oraciones, y todo queda en manos de Dios.
–¿Independiente es el Diablo?
–Julio Grondona es el Diablo.
No hay manera de que el hincha de Racing contemple la posibilidad de que el Gran Jefe del fútbol argentino de los últimos treinta años, formado dirigencialmente al calor del Club Atlético Independiente, no tenga algo que ver con su sino trágico, con su suerte perra.
Julio Gondrona, presidente de la AFA, y Fernando De Tomaso, presidente de Blanquiceleste S.A., la empresa que gerencia el club desde la quiebra, son los enemigos de la hinchada, que los putea hasta la afonía. En esa pulsión de poner las culpas en los grandes canallas de la historia, Racing se reconoce nuevamente como una Argentina a escala.
Los yanquis putos, los ingleses piratas, los del Rojo, lo burócratas de la AFA: ellos. Le pregunto al padre Juan:
–¿Cuáles son sus culpas?
–Hemos elegido mal a nuestros dirigentes, nos hemos dejado engañar.
Okey, la Argentina.
Diecisiete minutos del segundo tiempo.
Tiro libre para Racing.
Le pega Sosa.
Y le pega bien.
El Oso llora su gol.
Ver nota de opinión "Campeón es cualquiera", en la sección Central.